Viajar en Auto por el Macizo Central Francés

Viajar en Auto por el Macizo Central Francés


Viajar en auto por Francia permite descubrir lugares que no figuran en ninguno de los itinerarios reservados para el turismo masivo. Perderse por las rutas galas, a veces con rumbo y a veces por simple azar, es un ejercicio de descubrimiento que siempre acaba por sorprender al viajero. Si se dispone de tiempo, no hay plan mejor que abrir el mapa rutero, marcar un punto de destino, y dejar que sea la propia Francia quien decida el recorrido.
El Macizo Central, una zona situada en el centro-sur del país, en el camino que va desde la costa del Mediterráneo hasta París, es uno de estos escenarios que se pueden encontrar si se tiene espíritu de aventura. Conformado por una fabulosa sucesión de montañas y bosques, el Macizo Central alberga un sinfín de pequeños pueblos de vieja estirpe medieval y algunas de las reservas naturales más famosas de Francia. Y, además, como es fácil de imaginar, es un territorio ideal para los amantes de la buena mesa.

El viaje comienza en Colliure , sobre el Mediterráneo, muy cerca de la frontera española, pero también podría realizarse viniendo desde París hacia el sur. Colliure es un pueblo famoso porque fue refugio de artistas como Matisse y de poetas como Antonio Machado, que murió allí tras partir al exilio, en el final de la Guerra Civil española. Es un bellísimo pueblo de la Cataluña francesa, situado en torno a una bahía, con casas que trepan por las colinas y callejuelas serpenteantes plagadas de ateliers de pintores y escultores.
Saliendo de Colliure por la ruta A9 se van atravesando pueblos y paisajes de la región de Languedoc-Roussillon, uno de los sitios más bellos del sur de Francia y puerta de entrada al Macizo.
A la altura de Béziers, surge la autopista A75, que traza casi una línea recta hacia París, atravesando el corazón geográfico de Francia. Sobre ella se encuentra el viaducto de Millau, que tiene el honor de ser el puente más alto del mundo. Se trata de una bellísima y vertiginosa obra de ingeniera del famoso arquitecto británico Norman Foster, que se alza a 340 metros sobre las aguas del río Tarn.
Desde el viaducto, la carretera no deja de ascender rumbo al Macizo Central. No sólo el paisaje comienza a cambiar, dejando atrás los ocres de la costa Mediterránea y dando lugar al verde de los bosques, sino que la temperatura baja notablemente, por obra de la altura.
El Macizo se muestra ya en todo su esplendor y comienzan a aparecer esos pueblos llenos de encanto, de añejo carácter medieval, que conforman un circuito inigualable. Uno de ellos es La Canourgue , situado a una hora al norte del viaducto de Millau. La Canourgue es una maravilla para la vista, con su red de puentecitos que saltan los muchos arroyos que la atraviesan, sus casas de piedra calcárea, las flores rojas en los balcones, sus cafés y boulangeries (panaderías) y sus mercados callejeros.
Por su cercanía con la autopista, es un sitio ideal para utilizar como base en un recorrido por algunos de los pueblos más encantadores del Macizo, las “gargantas” del río Tarn y el Parque Natural des Cévennes. La Canougue cuenta con varios hoteles-pensión muy buenos y a precios más que razonables y tiene, además, un par de esos excelentes campings que abundan en Francia, donde dormir en carpa es una experiencia de primer nivel (además de baratísima).
Un gran plan es tomarse un café-au-let con croissants bien temprano por la mañana en algunos de los cafés del centro, y luego pasear por el mercado de agricultores, en busca de elementos para un picnic (sin olvidar una botella de buen vino francés). Antes del mediodía, todo tiene que estar listo para emprender la excursión, que parte hacia el oeste, por la ruta comarcal D998. Entre prados poblados por vacas color miel, que hacen sonar sus cencerros de cobre, se van sucediendo frondosos bosques en los que la luz apenas logra atravesar los techos de ramas y hojas. A medida que se avanza hacia el oeste, van apareciendo los cañones que conforman “las gargantas del Tarn”. Se trata de un magnífico conjunto de escenarios naturales marcados por altísimos miradores desde los que se divisan, allá abajo y a lo lejos, las aguas del río Tarn, encajonadas entre montañas totalmente tapizadas de verde.
El primero en aparecer es Laval-du-Tarn , un caserío de pastores y campesinos que parece aislado del mundo. En sus alrededores hay muy buenos parajes –algunos en las orillas del río– que pueden ser un escenario ideal para disfrutar del picnic alla francesa.
Un poco más adelante, a no más de media hora de recorrido, aparece uno de los platos fuertes de la zona: Saint Enimie . Dividida en dos por el curso del Tarn, Saint Enimie fue colonizada por los romanos y vivió una época de gran esplendor en la Edad Media, gracias al establecimiento de la orden Benedictina, que la dotó de magníficos monasterios e iglesias como la de Notre-Dame-du-Gourg, que hoy constituyen los hitos de un paseo histórico por sus calles de piedra. En realidad, cualquier paseo por la ciudad es histórico, ya que prácticamente no hay edificaciones modernas y todo lo que se ve parece el escenario de una de esas películas del estilo de “El nombre de la rosa”. Además, en las afueras, hay toda una serie de caseríos medievales, castillos y antiguos establecimientos de órdenes religiosas como Boisset, Castelbouc y Hauterives, tanto o más “cinematográficos” que la propia Saint Enimie.
La ruta de los pueblos medievales va conduciendo, lentamente, al corazón del Parque Natural des Cévennes . El camino continúa serpenteando entre bosques virginales y montañas, pegado al curso del Tarn, uniendo más y más encantadores caseríos de piedra, como Quézac e Ispagnac, hasta llegar a Florac, en cuyo castillo funciona la administración del parque de Cévennes.

Cévennes es uno de los siete parque nacionales franceses y abarca un territorio de más de 90.000 hectáreas. Se extiende sobre las regiones de Languedoc-Rosellón, Auvernia, Midi-Pirinnées y Ródano-Alpes, y es el único de los Parques Nacionales franceses que tiene habitantes permanentes: casi 600 agricultores y pastores que gozan de una vida detenida en el tiempo, en permanente contacto con la naturaleza y en pueblos que conservan intacta su identidad histórica.
Muy cerca de Florac está el monte Lozère, el pico emblemático del parque (de 1.699 metros) y desde sus faldas parten distintos caminos rurales que transcurren entre mágicos bosques de fresnos y robles, y que conducen a sitios increíbles como el pueblo de montaña Le Pont de Montvert o el lago Villefort, un espejo de agua escondido en medio de la naturaleza en cuyas orillas hay una infinidad de caseríos de piedra y enigmáticos castillos.

La ruta comarcal N106 es un encantador camino que lleva de Florac a Mende . Cabecera del departamento de Lózere, Mende es una pequeña urbe de origen romano que floreció en el medioevo, cuando fueron construidos monumentos como su impactante catedral gótica, el puente sobre el río Lot (del siglo XIII) y el palacio episcopal. Refinada y famosa por su gastronomía, Mende es el mejor lugar para culminar la travesía por el Macizo Central.



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